Patada en las bolas

En otro tiempo, ellas tenían miedo,
miedo atroz de ser llamadas putas
en confesar que también disfrutan
sentir placer al igual que él
pero en público no podían
gemida sexualidad oprimida
mientras ellos presumían
impunes gozaban
juzgaban, reían.
Hoy, la tortilla se dio vuelta
son ellos quienes tienen terror
de ser tachados de abusones
de ser llamado violador.
La vida es un espejo
y castrara socialmente
a los que fuercen el cortejo,
esta es la nueva ola
patada en las bolas

Chica vulgar

Citadina de alma campestre
rústica en tus modales
pero de encanto silvestre
comes con la boca abierta
liberas un flato después de cenar
tratas de ser cortés
pero te domina el lenguaje soez
sincera, opinas sin saber
usas cuchara
cuando tenedor hay que escoger
siempre pulcra y arreglada
contigo las buenas costumbres
arrancan espantadas

Haces sorbetes con la sopa
y al comer siempre manchas la ropa
las chicas envidian tu libertad
los hombres aman tu vulgaridad
quieren estar contigo
porque se sienten cómodos
porque eres mujer y amigo
no tienes nada que ocultar
y si ya no aguantas las ganas
te escabulles detrás de un árbol a orinar

No eres consciente del decoro,
pero tienes un corazón de oro
para mí eres chica de clase
porque no te importa donde la gente nace,
no es falta de cultura
tu humanidad vale mil colegiaturas
te importa un bledo el qué dirán
y cuando no te ve nadie
el pedo no se hace esperar

Hazlo fácil

Cuando el hacer un proyecto creativo se transforma en un esfuerzo, en un nadar contra la corriente, la tentación de creer que “no servimos” o que “no es lo mío” es el paso previo al abandono. No debería haber frustración si no nos importara, sin embargo lo hace, algo en nosotros quiere hacerlo pero nuestro cuerpo no es capaz de llevarlo a cabo.
Esta clásica contradicción se da cuando intentamos forzar un proceso que debería ser natural. Nos presionamos a hacer las cosas de un modo ajeno a nosotros, y en el afán de imitar a nuestros héroes, olvidamos que cada uno tiene su propia forma de hacer las cosas.
Para que las cosas fluyan debemos hacerlo en nuestro estilo, con nuestro propio lenguaje. Desde ahí será más sencillo comunicarte y hacer todo lo que quieres hacer. Descubrimos nuestro lenguaje a través de lo que se nos da fácil, a través de lo que no nos cuesta esfuerzo, eso que haces por desahogo o entretención. Podrá parecer obvio, pero no. Muchos creen que las cosas se deben hacer de la forma tradicional, aburrida, y por eso no se toman en serio; no se toman en serio porque no creen que pueda ser tan fácil.
La frustración persiste no por falta de ideas, sino por no saber cómo comunicarlas.
!¡Hazlo fácil, hazlo entretenido, hazlo simple! y a partir de ahí construye.

La cruz entre las piernas

Desde el inicio de la civilización
el hombre ha arruinado todo
por su sexual ambición
lo queramos o no
su calentura mueve al mundo
y bajarse los pantalones
a hecho que la historia
vaya de tumbo en tumbo

Gilgamesh fue un mítico y libidinoso rey de Uruk
cuyos habitantes reclamaron a la diosa Ishtar
que su rey quería con toda mujer copular
es así como la epopeya más antigua de la humanidad
trata de las vicisitudes de un rey
que su lujuria no podía controlar

La guerra de Troya,
esa épica historia fundacional
¿saben cómo se inicia?
cuando el fogoso troyano París
no pudo su libido apaciguar
raptó a la despampanante espartana Helena,
y el cornudo rey Agamenón no lo supo tolerar
llamó a todos los griegos al combate
y juro que a Troya iba a exterminar

Así es amigos
la calentura del hombre
es lo que mueve todos los hilos
¿Qué política?
¿Qué guerra?
¿Qué comercio?
mito o realidad
es su obsesión por gozar
lo que hace al mundo girar

El tonto Sansón se obsesionó con Dalila
moraleja: perdió su pelo, su honra y su vida
Julio César casi pierde todo su poder
porque con Cleopatra no paraba de coger
Enrique VIII de Inglaterra, de moral liviana
para poder revolcarse con su amante Ana
fundó su propia Iglesia anglicana

¿Dónde estaría el psicoanálisis o el inconsciente
si Freud no hubiera estudiado su pulsión ardiente?
así es, el deseo y el placer
es lo que hace al sexo masculino caer,
la decadencia de la Iglesia Católica
por curas con incontinencia diabólica,
magnates del cine y la cultura caen en picada
por demandas de abuso e inocentes violadas

!Cuántos matrimonios destruidos!
porque los maridos a sus secretarias
amigas o vecinas se han cogido
siempre es igual
es la historia de la humanidad
el hombre y su calentura
el karma de abajo de la cintura
el precio que todo hombre debe pagar
saber que la cruz que carga entre las piernas
en algún momento lo va a traicionar

Lo que aprendí de Bukowski

¿Quién pensaría que un alcohólico y antisocial cartero de más de 50 años lograría triunfar con bombos y platillos en el mundo literario? Pues Charles Bukowski demostró que sin importar lo descarriada que pueda ser tu vida, sin importar la edad, la educación o la clase social, nada es es imposible cuando eres perseverante en lo que quieres lograr; nada es imposible cuando lo intentas un día más.
Con todo el viento en contra, Bukowski logró hacerse un espacio en la literatura a punta de brutal honestidad. Mientras otros autores creaban mundos fantásticos e historias inspiradoras, Bukowski escribía sobre sus anodinas experiencias cotidianas, las simplonas vicisitudes de un tipo de clase media baja que nunca se sintió conforme. Se entregaba a su arte con tal crudeza y simplicidad que -cual alquimista- transformó la monótona e irrelevante rutina en una experiencia única para el lector.
Su pluma no es la de un espectador, es la de un protagonista, uno que representa todo eso que el establishment intenta censurar: adicción al juego, a las sustancias, prostitución, pobreza, violencia y una descarnada pérdida de la moral.
Fue tantas veces rechazado que terminó haciéndose inmune a la crítica, y a pesar de todos los problemas que arrastraba nunca dejó de escribir, nunca dejó de ejercer el arte de confeccionar poesías, cuentos, y finalmente su particular estilo novelístico.
Su sinceridad te atrapa. Muestra sus defectos con orgullo y escribe como si no tuviera nada que perder. Lo genial de Bukowski, y quizás su mayor lección, es que nunca dejó de ser él mismo, no esperaba tener una gran idea o experiencia para escribir sus historias; escribía de su propio mundo, con su propio lenguaje, desde su propia monstruosidad.

En busca de tu tribu

Cuando te sientes parte de un grupo, no tienes miedo a ser juzgado, no tienes temor de expresar tus ideas, aunque no estén articuladas, aunque no tengan sentido, mientras sea con respeto, no te sentirás intimidado a opinar. Lo hermoso de un grupo cohesionado es que no hay temor de mostrarnos vulnerables.
Nada mejor que una banda de amigos y eso la TV lo sabe muy bien, por eso gustan tanto series como Friends, How i meet your mother o los Supercampeones; son las relaciones entre la personas las que hacen que un equipo rinda más que otro; es el ambiente el que termina potenciando a las personas individualmente.
Aquellos que viven con temor a equivocarse, a creer que serán juzgados en cada movimiento, suelen ser los pesos muertos del grupo: viven ensimismados, más preocupados de si mismos que de las necesidades del resto, y en su exceso de individualismo terminan repeliendo.
Esperar encontrar un grupo que te acepte tal cual y no te juzgue es idealizar un poco las cosas; porque al igual que en el amor, para cosechar, primero tienes que sembrar; hay que dar para recibir; independiente si es la familia, un equipo deportivo o un grupo de trabajo, para sentirte integrado tienes que participar; para saber si es tu tribu o no, primero te tienes que aceptar.

Pequeño Chucky

No hay fórmulas ni moldes
los niños siguen siendo niños
creer que son manipuladores
es olvidarse de tratarlos con cariño

al ceder ante cada pataleta
creerá en la magia de la rabieta,
esto es igual que con las dietas
mientras hagas invisible la tentación
mantendrás aquietada su pasión

no tienen un plan ni estrategia
como monos repiten lo que funciona
no esperes que controlen sus emociones
si ni tú mismo puedes con tus explosiones

Ideas estancadas se pudren

Hay una anécdota que refleja bien el estilo de Lennon y McCartney cuando se trataba de crear. En sus inicios, cuando se sentaban a componer y lograban dar con una buena melodía que por alguna razón se olvidaban de anotar, en vez de lamentarse y sufrir para recordarla, decían: “dejémosla ir, si es realmente pegajosa, mañana la recordaremos”; y vaya que sí lo hicieron.
¿Cuántas veces nos hemos quedado pegados con una idea o texto que no va para ninguna parte? Pueden pasar días sin que nada avance porque algo no fluye; lo sigues intentando porque te encanta la idea, porque has invertido tiempo, labia y páginas en ella, pero no, no funciona, y crees que seguir forzando las cosas es perseverancia; te niegas a soltarlo hasta que te das cuenta que ya no puedes más.
Eso pasa cuando te aferras, perdemos tiempo y energía solo para demostrar que sí podemos; así es como se estancan los autores, creen que no tienen capacidad para nuevas ideas pero en realidad están atestados con las viejas; se vuelven rígidos porque no están acostumbrados a soltar; se vuelven lentos, porque se volvió rutina moverse contra la corriente.
Es uno quien dicta los términos de lo que hace, y si no lo estás pasando bien, es porque en algún momento perdiste el control de lo que estabas haciendo; por eso es importante dejar ir cuando algo no funciona, porque el acto mismo de hacerlo es lo que devuelve la confianza en uno mismo, porque implica tomar una decisión; implica asumir el vértigo de la pérdida.
Cuando entra aire fresco a la mente, se pueden ver las cosas desde otra perspectiva, abrirse a caminos alternativos, considerar pedir ayuda si es necesario. El proceso creativo requiere ser despiadado con la edición, cuando algo no funciona o se estanca, hay que identificarlo para dejarlo ir; esa es la mejor forma para quedarse con lo mejor. Si la idea es buena, de alguna u otra forma volverá.