Ladrillo a ladrillo

Una novela es una serie de cuentos cortos relacionados. Una película es un conjunto de miles de imágenes concadenadas que dan el efecto de movimiento. Un baile es una serie de pasos repetidos hasta la saciedad. Cada obra de arte es la suma de cientos de pasos practicados una y otra vez. El público se deleita con el platillo gourmet, pero nadie ve lo que pasa en la cocina, y es precisamente ahí donde está la magia. Hacer el trabajo sucio es el mejor filtro para saber cuál es tu verdadero elemento. Muchos sueñan con estar en un escenario, con dominar ese instrumento, con recibir la energía de una ovación, pero no están dispuestos a realizar el sacrificio que significa, solo quieren el resultado final. Te das cuenta que es lo tuyo cuando amas el esfuerzo de hacerlo.

“La perseverancia no es una carrera de fondo, son muchas carreras cortas una detrás de otra” Walter Elliot

 

 

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Primero se vive después se entiende

Puedes reconocer esa actividad que amas cuando sabes que estará contigo por un largo tiempo. No la apresuras, disfrutas de su compañía, no intentas llegar a la meta rápido, quieres desmenuzarla, entenderla, verla desde todos los ángulos posibles. Al igual que en el amor, lo entiendes cuando lo experimentas, cuando las ganas de dar se vuelven más grandes que el miedo a perder.

Ya no se trata más de ti, se trata de tu obra, ella es la protagonista.

La mejor venganza es el éxito

Un artista despechado es una bomba de tiempo. Su imaginación puede desbordarse de rabia ante alguien que menosprecie su sensibilidad artística. Incluso si tenemos o no razón, explotar ante alguna persona es perder inmediatamente la batalla, espantas a los que te rodean, te envenenas lentamente.

Aprender a canalizar la energía en una obra artística es descubrir el camino al paraíso. Podremos andar por la vida sin miedo a sentir porque todas las emociones serán combustible de nuestro arte. Los antagonistas serán el recordatorio del lugar que queremos llegar, quizás hasta deberíamos agradecerles.

 

 

Obra no publicada es obra inacabada

No terminas la obra cuando pones el punto final. No terminas la obra si decides guardarla en un cajón y no mostrarla a nadie. No estará completada si decides no compartirla. El final del proceso creativo es exhibirla, publicarla. Para vivir, una obra necesita la atención de la gente, esa es su energía, y se manifiesta en forma de elogios, critica o indiferencia. Es el público el que da la forma final a la obra, ningún artista llega solo a la cima.