La culpa es la comida chatarra del lenguaje

Las palabras recriminatorias son como las calorías vacías, son ricas en energía pero no aportan ni un nutriente al desarrollo de nuestras relaciones. Puede que encontremos sentido e incluso placer en culparnos por lo que no hicimos, pero solo será una satisfacción de corto plazo, una especie más de evasión de lo que realmente importa. Un culpador corre el riesgo de acumular pasado en exceso, una adiposidad mental que dificultará reaccionar con soltura a lo que sucede a su alrededor. Dar vuelta la página todos los días es un gran ejercicio para mantenerse atento, para quemar el peso innecesario.

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