Todos los miedos el miedo

¿Cómo no quererlo?, está en todos nosotros, un regalo de la naturaleza. El que me hace la zancadilla mientras me pavoneo, el que me hace quedar en blanco en medio de una presentación. El miedo es uno más de la familia, y es común avergonzarse por tenerlo, como si fuera un monstruo que ocultar, pero se expresa igual, porque tiene vida propia, se expresa en el arte… en la guerra… en los hipocondriacos.

Siempre tuve miedo de ser menos, de que nadie me quisiera, de ser considerado alguien inferior, de que nadie fuera a mi cumpleaños.Todos los miedos tenían que ver con la gente, con el temor a quebrar una imagen idealizada que nunca existió. Lo genial de envejecer, es que te das cuenta que el miedo nunca desaparece y negarlo es personificar la hipocresía, y también la ridiculez. El miedo es un bendito regalo de la naturaleza si actúas a pesar de ello, un fuego sagrado si lo utilizas a tu favor; pero “ay de aquel que sucumba a su presencia”, corre el riesgo de destruir todo a su alrededor, partiendo por lo que más ama, terminando consigo mismo.

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