La obsesión por la validación externa

Siempre está el miedo de verse excluido del grupo; un miedo que se exacerba cuando sientes que no tienes mucho que aportar, cuando crees que tu vida no es tan brillosa como la de los demás. Algunos se pasan años queriendo ser aceptados, buscando la aprobación que los motive a seguir; como el amante que depende de su pareja para ser feliz; como el adolescente que necesita “likes” para su ánimo subir. Es agotador vivir así, especulando día y noche en las reacciones de los demás, esperando que otro valide quien soy, mi humor, mi actuar.
Lograr confianza en uno mismo no es de un día para otro, es el resultado de un estilo de vida, algo que se construye todos los días; por eso no todos la tienen, no por falta de capacidad sino por falta de perseverancia. Son los pequeños detalles diarios los que marcan la diferencia: 5 flexiones diarias; 10 minutos de estudio o lectura que te llene ; un halago o agradecimiento a los que te quieren. Las personas subestiman lo mucho que se puede lograr haciendo solo un pedacito todos los días. Al final, la acción que decidas repetir, esa que sabes que te hará bien, es el ritual mismo, el recordatorio diario de cómo eliges sentirte (independiente de lo que opinen los demás); al hacerlo ridículamente simple no hay resistencia ni procrastinación; al hacerlo todos los días, te aseguras que siempre estará en tus pensamientos. Es como una oración, pero de hechos.

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