Lecciones de la novela El Padrino de Mario Puzo

El padrino es la biblia del poder, el Bhagavad Gita de la hombría; Don Vito, mesías entre los sicilianos, enseña que las reglas del poder favorecen a aquellos que logran actuar desde la calma y reflexión. Buda entre indomables anárquicos, paradigma de la palabra respeto.
Don Vito no existe, es un ideal creado por Puzo que sirve como modelo para la máxima aspiración de todo hombre: vivir bajo sus propias reglas y no ser dominado por nadie.
El padrino entiende que el poder es lo primordial, y que la amistad y el respeto son vehículos necesarios para ello; el ego y las emociones solo enturbian el viaje. Todos quieren ser como el Don porque él no quiere ser como nadie. Busca el beneficio, la oportunidad en cada situación; la razón y modestia son sus armas, la fuerza y violencia son la última opción, pero si ha de usarse, debe ser con la precisión quirúrgica de un cirujano.
Es el antihéroe por antonomasia, inmigrante rebelde que no acepta las reglas que la sociedad le impone. En su lectura aprendes del carácter Siciliano, tierra golpeada, pueblo constantemente invadido que durante siglos ha aprendido a no fiarse de la autoridad; apasionados, emocionales, obstinados hasta la muerte, donde la palabra amigo significa perdonar la vida de otro. Vito Andolini es hijo de su tierra, pero es especial, es una especie de elegido, cual Jesús entre judíos, cual Neo en matrix, posee una característica poco común entre sus coterráneos: es razonable.
Durante su lectura pude encontrar frases que resultaban un bálsamo para el ego herido: “que tus enemigos sobreestimen tus fallos, y que tus amigos subestimen tus virtudes”; te das cuenta que el padrino no le da importancia a lo que el resto piense, el silencio es una catapulta al poder; un silencio que es transversal en toda la obra. En sus 600 páginas son pocas veces las que el Don habla, no lo necesita, como los grandes hombres, son sus discípulos quienes narran sus proezas, sus aprendizajes. Vito solo escucha, y así mejora, y así manda.
Las creencias de las personas cambian contando nuevas versiones, “todos podemos contar historias tristes.Yo no pienso hacerlo” dice Don Vito, quien entiende el poder de una historia, entiende que la verdad es tan moldeable como la arcilla. No deja tiempo pasar porque sabe “que el tiempo hace estragos en la gratitud”. El padrino te da lecciones de conducta para sobrevivir en esta jungla: “piensa como tus enemigos”, “haz que todo lo que hagas parezca natural”. Como un Mozart de la negociación, usa la cooperación y el respeto como claves para avanzar. “Nunca decir lo que piensas a los que no conoces”.
La idea de civilización nos hace olvidar que el hombre sigue siendo un lobo para el hombre, “nunca discutas, nunca te enfades”; es hermoso, es toda la autoayuda que un hombre necesita. “Modestia y humildad”, “dar la otra mejilla”. Así es, y no como una virtud cristiana, sino como estrategia para mantenerte sereno, para dar vuelta a tu enemigo, para seguir acumulando poder.
Don Vito es un cristo, la fuerza está con él, pero es una fantasía, un ideal a seguir para soñadores. Una mujer que entienda el padrino como una metáfora del poder, podrá abrir nuevos puentes en la comunicación con lo masculino. Desmenuzando la obra como Tótem del patriarcado podrá dar pasos para transformarlo desde adentro, utilizando los mismos valores que el Don no puede rechazar: ser razonable, dedicarle tiempo a tu familia, proteger a sus amigos, serle fiel a su mujer, y sobre todo, respetar a quien te respeta.
Estudiar el padrino empodera. Te recuerda que no debes jugar el juego de ellos, sino el tuyo.

10 comentarios sobre “Lecciones de la novela El Padrino de Mario Puzo

  1. Reblogueó esto en Andando tras tu encuentro…y comentado:
    Excelente entrada con una observación muy personal y particular de Don Vito Corleone, un verdadero padrino que gozaba de que le besaran su anillo como respetuoso reconocimiento a su autoridad. En la actualidad son más los mafiosos que están fuera de la clandestinidad y sin embargo, sus códigos nada tienen que ver con el personaje nacido en Corleone, Sicilia. Excelente tu narrativa. Un abrazo.

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