Un peso encima

La tienda de Don Antonio instaló tragamonedas
yo iba a comprar bebidas y veía a los viejos apostar
me daban lástima, sentados durante horas sin parar
miradas perdidas, ceniceros colmados
una diálisis de monedas los tenía enchufados.
Mi hermano mayor se viró de casa hace unos meses
yo pasaba todo el día fuera
entre colegio, pololeo y estupideces
mi mamá ahora tenía más tiempo libre
sobre todo desde que mi papá se fue al sur a trabajar
después supimos que tenía otra familia allá
pero no importaba porque no se querían
y mandaba platita igual;
estaba contento porque mi vieja por fin podría descansar
pensamos que era bueno pero empezó a fumar más
botellas de vino se empezaron a acumular
le dijimos que hiciera algún curso
dijo que iría a preguntar a la municipalidad
yo feliz pensando que haría reiki o flores de bach
que estaría socializando
pero para mi sorpresa
mi vieja se pasaba el día apostando;
hasta Don Antonio no lo podía creer
nunca pensamos que mi mamita fuera a caer.
Desde que dejamos de ser niños se empezó a apagar
como si crecer y hacernos independientes estuviera mal
quería que todo permaneciera igual
mi papá decía que era manipuladora
mi hermano la creía controladora,
nos decía que éramos su vida
que sin nosotros se moriría
yo tenía sentimientos encontrados
culpable por no estar todo el día a su lado
su amor era como un peso encima
peso que ahora pone
en la maquinita de la esquina

5 comentarios sobre “Un peso encima

  1. Aquellas famosas maquinitas de la esquina
    eran la liberación de muchas mochilas que se llevaba a cuestas,
    desengaños, soledad, dudas, incertidumbre, miedo…
    ¿quién no tiene miedos a lo largo de su vida?
    unos beben, otros fuman, otros toman estimulantes,
    los hay que juegan, los hay que se esconden en habitaciones de hotel
    y otros se muerden las uñas, como yo.
    Todos llevamos nuestras mochilas…

    Por cierto, mi último post, supongo que lo has reconocido, era basado en un comentario a un post tuyo.
    Abrazos.

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  2. La adicción a las apuestas es una enfermedad real que destruye familias enteras. Lo más triste es que este tipo de tiendas florecen en los barrios más pobres, justamente donde no hacen falta. Se le ofrece al vulnerable una forma de ganar dinero mientras distrae la mente. Obvio, que solo se endeuda y va perdiendo la cordura. Un escrito muy real (y triste).

    Le gusta a 1 persona

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