Y así la vergüenza

Visión de túnel
patatús de pudor
mi boca se secó
axilas chorreando
cañuelas temblando
orejas calientes
sonrisa sin dientes
hablando sin pensar
callando sin respirar
el tiempo se congela
mi cabeza se hiela
la dignidad falleciendo
quiero salir corriendo
no me puedo mover
estoy jodido
no me preparé

Sobre la motivación

La desmotivación número uno es no saber a dónde estás yendo, y el solo hecho de pensarlo agota. Lo mismo va con las relaciones, con el deporte, con la escritura. No hay mayor impotencia que tener ganas de escribir y no tener idea sobre qué, no funciona hacer las dos cosas a la vez, o te concentras en escribir o te concentras en saber a dónde ir, pero hacer ambas, es lo que termina de consumir la última gota de motivación.
Tener claro el argumento no debería ser el problema, es más bien el descanso. Descansar en el argumento, es como descansar en una rutina, en un sistema que está ahí para que no tengas que pensar en él, para que puedas dedicarte solo a escribir sin más preocupación que la emoción de estar avanzando.
Los argumentos son historias que ya existen, no hay que inventar nada, están ahí, pululando en diarios, en nuestros libros favoritos, en las vivencias que te han marcado. Encontrar esa historia no es un asunto de imaginación, es más bien una elección.
Tomarse el tiempo para elegir, implica dejar ir, implica descartar innumerables opciones, y si bien, la sensación de pérdida es incómoda, no se compara con la placentera sensación de haber tomado una decisión, esa que te lleva a decir: “sé perfectamente lo que estoy haciendo”.

El juego de la paciencia

Escribir un libro, que meta más hermosa. Una oda a la paciencia más que la inteligencia, arena movediza para ansiosos que subestiman el tiempo. Cuantos libros que no se escriben por la excusa de no tener un argumento sólido, por creer que la historia no es buena, por olvidar que primero debería gustarte a ti. Escribir es una extensión, un reflejo de nuestra personalidad; las partes de tu ser quedan expuestas, y el bloqueo emerge como una forma de evadir lo que no te gusta, esa sombra que no quieres enfrentar ahora mismo, y que paradójicamente, es la clave para hacer tu prosa auténtica, equilibrada, real.

“Si hay un libro que desees leer, pero aún no se ha escrito, entonces debes escribirlo tú”
Toni Morrison, Nobel Literatura 93’

La antimeta

Nada más contraintuitivamente efectivo que hacer metas alrededor de las cosas que tienes que evitar. No siempre sabemos el camino correcto, pero si podemos saber el camino que lo joderá todo. La antimeta es el camino inverso, una alternativa ingeniosa ante la impotencia de los estériles resultados. Los beneficios son una externalidad feliz; el éxito es el epifenómeno de lo que no hay que hacer.

No busco sentirme bien, busco evitar sentirme mal.
En vez de agregar, me centro en eliminar.
No me enfoco en “el presente”, más bien, evito pensar en el pasado o el futuro.
No busco bajar de peso, me concentro en evitar ganar grasa.
Para ganar hay que concentrarse en no perder.