Maldita y divertida incomodidad

Independiente de la tarea que estemos haciendo, entre más incómoda sea, más fácil será distraernos de ella, y en ese entuerto, la mente buscará cualquier alivio inmediato: abrir compulsivamente páginas web; vueltas a la cocina o revisar el teléfono por inercia. Cuando hacemos una tarea difícil, el objetivo de la distracción es evitar la sensación de incomodidad, pero la consecuencia es que nuestro progreso se vuelve más lento que un desfile de tortugas.
Transformar lo incómodo en algo desafiante es posible si reinventamos la forma de trabajar dándole un formato de juego. El juego en sí, es una forma de ordenar la realidad; pone límites a nuestros movimientos, acota el tiempo, hay obstáculos y un claro objetivo a la vista. Es increíble ver como niños diagnosticados con TDAH pueden pasar horas concentrados cuando se trata de un videojuego, o tratando de hacer un tik tok. La concentración de rayo láser existe en todos, y despertarla depende de encontrar el lado lúdico a las actividades.
El diseñador de videojuegos y escritor Ian Bogost resume la diversión como “la consecuencia de manipular deliberadamente una situación familiar de una nueva manera”; entonces, en vez de escapar de la incómoda realidad en la que estamos, podemos motivarnos a hacer las cosas si la transformamos en algo diferente, novedoso. No es casualidad que los grandes maestros declaren que su área de competencia es como un juego: el juego de los negocios, el juego del amor, el juego del poder. La entretención y la curiosidad van de la mano; por eso es importante hacer las cosas de manera diferente: porque explorando se llevan a cabo los descubrimientos; porque nos involucra y nos da la sensación de control, y claro, nos mantiene enfocados para terminar ese maldito proyecto que tanto posponemos.

Persistencia, el hada madrina del artista

Mientras los principiantes esperan momentos de entusiasmo para ponerse a trabajar, los maestros se ponen a trabajar para tener esos momentos de entusiasmo. Lo único que distingue al maestro del principiante no es el talento, sino la perseverancia, el trabajar un poco todos los días. El novato se sentirá intimidado ante la idea de “hacerlo todos los días”, y creerá que la perseverancia implica forzar la voluntad, y como mito de sísifo, cargar eternamente una roca hacia
la cima de la colina. Los maestros saben que es imposible lograr hacerlo si no hay una motivación detrás, una ganancia diaria de por medio; para ellos, hacerlo todos los días más que un esfuerzo, es la excusa para sentirse bien, para motivarse, para reforzar un sentimiento de confianza sobre sí mismos.
El único esfuerzo está en preguntarse constantemente, ¿Qué debo hacer para hacerlo entretenido? ¿Qué temas me encienden? ¿Qué ambiente es el más cómodo para trabajar? ¿Cómo hago esto más sencillo de hacer?.
Da igual si es un pasatiempo o un hobbie, la perseverancia nos va moldeando para bien; se transforma en un recordatorio constante de que a pesar de las circunstancias y las personas, aún depende de mí la actitud que voy a sentir hoy, y qué mejor forma de hacerlo realidad que con una dosis diaria de arte.

Bombón Relleno

Obsesionada con la comida
a veces sueñas con pan
conversas con una miga
te desayuna el que dirán

Te importa un pepino tu silueta
eres sensual y croqueta
andas sin pizza por la vida
con fragancia de chuleta

Te invito a bailar salsa
me dices que con bolognesa
el espagueti no te cansa

Masticar es tu deporte favorito
toda la comida saludable
la saludas de lejito

El bloqueo por excelencia: la ausencia de una postura

Lo he visto; la confianza en uno mismo emana cuando tomamos una posición en la vida, cuando defendemos algo que para nosotros es importante. Al tomar consciencia de nuestros valores, podemos identificar a los de nuestra tribu, quienes están con nosotros y quienes no. Más allá si tu postura es buena o mala, lo importante es tener una; así se forman los grupos, y así se puede llegar lejos.
El bloqueo es el resultado de quien no sabe a dónde va, de aquel que no ha reflexionado en torno a sus valores, a su posición, a lo que le es importante.
Tolstoi escribía desde el privilegio aristócrata, Dostoievsky desde los desclasados; Jane Austen desde los estereotipos femeninos. Las palabras fluyen cuando tienes donde apoyarte, puedes construir un argumento cuando conoces tu posición.
Tomar partido por un bando hace todo más entretenido, emergen naturalmente los antagonistas, las tesis, las hipótesis, y eso termina enganchando. Al asumir una posición se ordena el caos, y en esa estabilidad es cuando puede nacer un estilo, una forma única de decir las cosas.

“Nadie es escritor por el solo hecho de haber decidido decir ciertas cosas y hacerlo, sino por haber decidido decirlas de una determinada forma; es el estilo, ciertamente lo que determina el valor de la prosa” J.P. Sartre

La gente olvida rápido

No importa que tan grande fue la vergüenza, o cuán mal hablaron de ti. Al fin y al cabo, todo termina pasando, y la mayoría de las personas olvida más rápido de lo que crees.
Hoy los medios te pueden crucificar, mañana te pueden elegir presidente; ayer podías estar en el fondo del abismo autodestructivo, hoy puedes estar inspirando a miles de personas.
¿Cuántas veces habremos pensado “su reputación se fue perdió para siempre” y al tiempo vuelve a brillar como si nada?. Es normal escuchar la frase “que verguenza, ya no me podré presentar más ahí” o “mi vida social está muerta”, pero es cosa de analizar la historia y las portadas de diarios para darnos cuenta que la gente olvida muy rápido. Pasa lo mismo con los grupos de amigos o de trabajo; suelen haber peleas, insultos, vergüenzas; uno cree que estará excluido, o que esa persona nunca más aparecerá, pero el tiempo siempre demuestra lo contrario: mientras unos terminan, otros se reconcilian, como en las teleseries, como en la vida.
La gente olvida rápido lo anterior mientras sigas haciendo cosas, mientras sigas aportando nuevo material; es como la moda, como los hits musicales, como las entradas de un blog: no solo vas creando, vas cambiando la imagen de ti mismo a punta de hechos.
Así como las personas tienen una capacidad increíble para reinventarse, también la tienen para cambiar de parecer. Más que cambiar la página o arrancarla, es aprender de ella, interpretarla; no es el fin del mundo, es el comienzo.

El humor después del humor

Cuando sientas que los recuerdos te hacen daño, o tengas sentimientos de culpa por algo que no has hecho, antes de pegarte un azote, por favor aplica sentido del humor a la fórmula.
No hay mejor receta para pensar con claridad que reírse de uno mismo; te hace respirar tranquilo, te quita presión al recordar que no eres tan importante como piensas. El buen humor se practica, y para los atletas de la mente como lo son los escritores, es una herramienta fundamental para pensar con claridad.
El sentido del humor se entrena cuando pensamos en el lado bueno de las personas; en lo positivo de los malos momentos; cuando nos reímos de nuestras vergüenzas; cuando entendemos que cada uno vive en su mundo y no están pendientes 24/7 de lo que hacemos o dejamos.
El sentido del humor nos devuelve los pies a la tierra y funciona como un seguro de cordura ante las noches más tristes, ante los arranques de superioridad o inferioridad que en algún momento vendrán.

Cuando te imagines muy importante, y hasta tus pedos los sientas fragantes, por favor, recuerda todos tus defectos; baja de la nube, nadie es tan perfecto.

La obsesión por la validación externa

Siempre está el miedo de verse excluido del grupo; un miedo que se exacerba cuando sientes que no tienes mucho que aportar, cuando crees que tu vida no es tan brillosa como la de los demás. Algunos se pasan años queriendo ser aceptados, buscando la aprobación que los motive a seguir; como el amante que depende de su pareja para ser feliz; como el adolescente que necesita “likes” para su ánimo subir. Es agotador vivir así, especulando día y noche en las reacciones de los demás, esperando que otro valide quien soy, mi humor, mi actuar.
Lograr confianza en uno mismo no es de un día para otro, es el resultado de un estilo de vida, algo que se construye todos los días; por eso no todos la tienen, no por falta de capacidad sino por falta de perseverancia. Son los pequeños detalles diarios los que marcan la diferencia: 5 flexiones diarias; 10 minutos de estudio o lectura que te llene ; un halago o agradecimiento a los que te quieren. Las personas subestiman lo mucho que se puede lograr haciendo solo un pedacito todos los días. Al final, la acción que decidas repetir, esa que sabes que te hará bien, es el ritual mismo, el recordatorio diario de cómo eliges sentirte (independiente de lo que opinen los demás); al hacerlo ridículamente simple no hay resistencia ni procrastinación; al hacerlo todos los días, te aseguras que siempre estará en tus pensamientos. Es como una oración, pero de hechos.

Pañales de adulto

Ahora que el esfínter me falla
son mis hijos los que callan
invertí en fiestas, amigos y compañía
ya no tengo ni uno
no invertí en los que me querían

Con mi mujer fui deshonroso
me creía un semental poderoso
me irritaba mudar a mis descendientes
hoy sin pensión y sin dientes
no hay amistad que me cuente

Solo en la vejez
hice virtud la pendejez
en mi mesa ya no hay comensales
la juerga no deja nada
ni familia, ni pañales