Cómo discutir sin pelear

Con el ritmo Sócrates
asumiendo que no sabes
y que el otro tiene toda la verdad,
no hay que hacerlo explícito
solo dispararle preguntas
como si fuera un sabio popular,
así mostrará su rostro
y el juego se volverá a ordenar

Si no es perfecto no lo hago

Esta es la historia del autoexigente: se programa para trabajar duro, se impone una meta ambiciosa, da por sentado que debe hacer un trabajo impecable, porque sus estándares son altos, porque sabe que tiene talento. Sin embargo, no siempre estamos inspirados, y ante un mal día, sabemos que nuestra faena distará de estar al nivel esperado. Eso nos deprime, nos hace sentir mal, y en vez de trabajar, no hacemos nada: porque si no puedo hacerlo perfecto, mejor no lo hago.
El bloqueo tipo “todo o nada”, es más un castigo que un premio. No aplazas el trabajo por faltas de ideas, lo postergas porque quieres empezar siempre con el pie derecho, quieres que todo sea perfecto desde el principio. Así nacen las frustraciones, los días en blanco se acumulan y el peso de la inacción es tan grande que hasta te desagrada la idea de empezar.
Lo importante no es hacer un trabajo perfecto, la perfección es el demonio de la creatividad. El error, la equivocación es lo que hace avanzar al mundo y la mejor manera de equivocarse es practicando. No se trata de crear algo sublime, es hacerlo a pesar de todas las resistencias, de todas las críticas, es reconocer que lo necesitamos.
Escribe aunque sea malo, escribe aunque el texto no tenga patas ni cabeza, escribe aunque empieces por el final; el juego es escribir, escribir y escribir … hasta que se vuelva una droga, hasta que asocies placer por hacerlo.
Crear algo bueno será una consecuencia no una casualidad.

«Durante un año escribe un cuento corto cada semana. No es posible escribir 52 cuentos malos consecutivos». Ray Bradbury

Sobre la indecisión

“Nada es tan agotador ni tan inútil como la indecisión” Bertrand Russell

La indecisión es el bloqueo por excelencia. Quedarse inmóvil cual venado a punto de ser atropellado. Es la antítesis del poder, la creencia medieval de un alma sensible que cree que las cosas se resolverán solas, que teme disgustar con sus elecciones.
Hay sentimentalismo en la indecisión, implica dejar algo atrás, pensar más en perder que en ganar. Requiere energía vacilar, requiere fuerza de voluntad evitar pensar en lo inevitable, te desgasta, te envejece, pero también te puede enseñar.
La indecisión deja un vacío que puede ser aprovechado por otros. Observar a un indeciso puede darte valor para actuar. Donde hay indecisión, aún hay esperanzas para influir. Nadie nace decidido, vamos aprendiendo en el camino, y la indecisión es solo el primer paso para el autoconocimiento, el primer peldaño necesario para poder pensar por nosotros mismos.

No hay edad para imitar

Donde hay alguien imitando hay alguien aprendiendo. La imitación es el aliño del aprendizaje, el brazo derecho de la curiosidad, es la forma práctica y sencilla de aprender a hacer lo que queremos, de aprender a ser quien queremos.
Y así un día, cual fruta madura, caemos al suelo por el peso de tanto imitar; un proceso natural del que aprendió todo lo que necesitaba copiar, del que ahora está listo para expresar lo que lleva dentro, esa emoción que siempre quiso interpretar.

Sobre la ignorancia

Se puede tener una excelente educación y seguir siendo un ignorante.
Ignorante es más que conocer hechos, es desconocerse a sí mismo, actuar como un autómata. Sabiduría es lo opuesto, un camino de autoconocimiento, de tener el estómago para aceptar lo que no nos gusta de nosotros.
La ignorancia es tierra fértil para controlar o ser controlados.
Conocerse es una forma de poder, no sobre lo otros, sobre ti.

Saber decir no

Decir si queriendo decir no, es una especie de autolesión, una falta de respeto por nosotros mismos. Queda en evidencia el temor a la exclusión, el miedo a la soledad. Aquel que no sabe decir no, termina odiándose a sí mismo o a los demás, porque esa es la traición original, creer que nuestros deseos no son importantes, que nuestra voluntad es algo prescindible.
Tener la insolencia de cuestionar lo que el mundo espera de ti es no sucumbir ante la presión, es aprender y enseñar lo que significa la palabra respeto. Es enviarle un mensaje al mundo, de que tomaste el control, de que no tienes que pedir disculpas por existir; de que ejercer tu voluntad es un camino para la felicidad.

La ocasión hace al escritor

Se da demasiada importancia a la fuerza de voluntad, se juzga precipitadamente a aquellos que dejan las cosas para después, como si no tuvieran el carácter necesario para evitar tentaciones. También somos animales y el ambiente en el que nos movemos puede favorecernos o destruirnos. Si nuestro hogar está rodeado de dulces, bebidas o golosinas, es probable que las consumamos solo por el hecho de estar al alcance de la mano. En mi ciudad hay farmacias y licorerías por doquier, no es de extrañar que el consumo de medicamentos y alcohol sea uno de los más altos del mundo.
Critican a las personas por sus vicios, por no saber controlarse, pero si tu entorno facilita y estimula el acceso, pues es cosa de tiempo para caer, es cosa de tiempo para encontrarlo algo normal.
Si quiero escribir, tengo que facilitar mi ambiente para la escritura: tener lápices por todos lados, cuadernos en blanco a diestra y siniestra, un computador siempre listo para escribir, una libreta de bolsillo, en el baño, en la cocina, etc. Nuestro entorno tiene que ser atractivo para la escritura, entre más cómodo y fácil sea su acceso, más probabilidades tendremos para hacerlo. No es casualidad que grandes escritores prefieren la madrugada para el trabajo creativo, no es porque les guste levantarse temprano, es porque dicho ambiente estimula la paz y la concentración.
También funciona al revés; disponer del entorno no es sólo facilitar estímulos, también implica prescindir de aquellos que nos roben tiempo o energía, como algunas redes sociales, televisión u amistades yermas. La idea no es rechazarlas, es disponer de nuestro espacio y tiempo para que estén lo más lejos de nuestro campo visual. Entre menos accesible estén, entre más difícil sea darles atención, más fácil será alejarnos de ello.
La fuerza de voluntad puede ser más un tema de decoración que de psicología.