El paraíso tiene rostro de rutina

Rutina,
una herramienta
no un grillete
el mejor invento después de la navidad
arrulla las mentes
hace bencina tu ansiedad

Pobrecita,
no tiene la culpa
se descargan con ella
la asocian con aburrimiento
por eso de la repetición
y solo tienen rabia
por seguirle la rutina
a un bobalicón

El arte de reconocer la ignorancia

Sócrates tenía razón, pero igual lo mataron. El poder de la ignorancia vuelve vulnerables a los poderosos, hay que ser respetuoso al utilizarla, al fin y al cabo, para la naturaleza humana la forma es tan importante como el fondo. Un dieta de ignorancia es un buen plan de desintoxicación.

Todos los miedos el miedo

¿Cómo no quererlo?, está en todos nosotros, un regalo de la naturaleza. El que me hace la zancadilla mientras me pavoneo, el que me hace quedar en blanco en medio de una presentación. El miedo es uno más de la familia, y es común avergonzarse por tenerlo, como si fuera un monstruo que ocultar, pero se expresa igual, porque tiene vida propia, se expresa en el arte… en la guerra… en los hipocondriacos.

Siempre tuve miedo de ser menos, de que nadie me quisiera, de ser considerado alguien inferior, de que nadie fuera a mi cumpleaños.Todos los miedos tenían que ver con la gente, con el temor a quebrar una imagen idealizada que nunca existió. Lo genial de envejecer, es que te das cuenta que el miedo nunca desaparece y negarlo es personificar la hipocresía, y también la ridiculez. El miedo es un bendito regalo de la naturaleza si actúas a pesar de ello, un fuego sagrado si lo utilizas a tu favor; pero “ay de aquel que sucumba a su presencia”, corre el riesgo de destruir todo a su alrededor, partiendo por lo que más ama, terminando consigo mismo.

El llamado del escritor

“Escribir no es normal. Lo normal es leer y lo placentero es leer; incluso lo elegante es leer. Escribir es un ejercicio de masoquismo; leer a veces puede ser un ejercicio de sadismo, pero generalmente es una ocupación interesantísima”.  Roberto Bolaño

Escribir es un oficio, crear historias es el arte. Escribir es como hacer ejercicio, todos quieren verse bien, pero son pocos los que se comprometen con el gimnasio y la dieta para lograrlo. Escribir es igual, en todos hay grandes historias que contar, pero de ahí a escribirlas se requiere algo más que fuerza de voluntad porque no es una obligación, es una necesidad. Nadie llega a la literatura por casualidad.

Un pasatiempo llamado realismo

“Necesitas tener un apasionado interés en el por qué suceden las cosas, ese pensamiento mantenido durante largos períodos, mejora gradualmente tu capacidad para concentrarte en la realidad”. Charlie Munger 

La práctica del realismo nos permite mejorar en lo que hacemos, nos hace darle menos importancia a las interpretaciones y más atención a los hechos. Se necesita valentía para verse a uno mismo tal cual, con defectos y virtudes, pero se necesita realismo para recordarlo diariamente. Ser realista es una forma de ver la vida, no implica dejar de soñar, es más, la favorece. Tener los pies en la tierra no es un don, es un ejercicio.

Ni a favor ni en contra

“Si quieres la verdad clara frente a ti, nunca estés a favor o en contra. El conflicto a favor o en contra es la peor enfermedad de la mente” Jianzhi Segcan

¿Lo es?

Me ha costado no estar a favor ni en contra, mi instinto tribal necesita tomar un bando, es natural, estoy programado para estar en grupo, pero una vez comenzada su práctica te das cuenta que esta “idea” es una exquisita herramienta para agudizar la toma de decisiones.
Ni a favor ni en contra, no significa hacerse a un lado y no tomar parte de lo que sucede, no significa guardar silencio y estar en una posición pasiva ante el mundo, es una actitud, una panorámica de la realidad, no teñida por una sola versión de los hechos, por un solo lado de la historia. Nuestros instintos y valores seguirán intactos, no obstante, nuestra apreciación de los hechos cambiará al ver las cosas de manera justa, donde lo malo y lo bueno se entremezclan dejando en evidencia la fragilidad de la naturaleza humana, y ante la confusión de las mareas emocionales solo queda la calma de volver a las raíces y reivindicar el don de pensar por uno mismo.