Jazz de la escritura

Estás solo tú y la pantalla, solo tú y el papel en blanco. No es necesario tener un rumbo o una idea, es solo lanzarse a escribir todo lo que sientas, todo lo que puedas pensar, sin temor a nada ni nadie: plasmar ambiciones, deseos, vergüenzas, miedos más profundos. Las sesiones de improvisación escrita son catárticas, un ritual artístico que ordena desde el desorden, que calma desde la ansiedad. Un bálsamo para tiempos de bloqueo.

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Cuando todo lo demás falla

Cuando nada parece funcionar, cuando la racionalidad se ve acorralada por pronósticos poco alentadores, la mente corre el peligro de ser caldo de cultivo de sugestiones negativas. Perder la confianza en uno mismo es como quedarse dormido al volante.

A veces el impulso que nos hace falta puede venir de algo más allá de la intelectualidad, puede venir de esa área que no siempre se toma en cuenta: la espiritual.

El uso de la fe va más allá de creencias o religiones, es algo íntimo, algo entre tú y “eso que no se puede explicar”, algo entre “tú y la totalidad”. Da igual el nombre o la forma, creer en algo superior puede darnos esa energía que necesitamos: para empezar eso que queremos, para confiar en nosotros cuando nadie más lo hace, para mantener la mecha prendida de la creatividad. Va en cada uno saber cómo aprovecharla.

El tono hace la canción

La forma de comunicar un mensaje suele ser más importante que el mensaje mismo. Cualquier tono prepotente o de temor suele poner en alerta nuestros sentidos y hacer oídos sordos a una información que podría ser relevante. Ponerse en el lugar del otro, ver las cosas desde la vereda vecina es el Santo Grial de la comunicación. El mensaje es pasajero pero el tono al decirlo puede ser eterno. Se puede decir cualquier cosa mientras se diga bien.

El amor es todo menos idealización

“El problema de las parejas es que las mujeres se casan pensando que ellos van a cambiar y los hombres se casan pensando que ellas no van a cambiar”  Arthur, cómico francés

Las relaciones que duran tienen ese ingrediente, el de aceptar a la persona tal como es, ni más menos. Que nos quieran por lo que somos es el regalo más grande que se puede recibir y en un mundo donde la mayoría quiere las cosas a su pinta,  resulta una joya de incalculable valor.  No se puede reconocer lo que no se conoce, por eso es importante partir en casa, aceptándonos a nosotros mismos tal cual somos.

 

Errores de novato

Hubo una época donde escribía poesía con diccionario al lado. Buscaba complejidad en las frases, encontrar palabras rococó y darme ínfulas de inteligente. La poesía era sosa porque tenía miedo de mostrarme débil, era soporífera porque solo pensaba en mí mismo. Creía que escribir era fácil, pero no estaba acostumbrado a lidiar con la soledad. Creía que era seguro, pero ignoraba que se debían tomar tantos riesgos.

Me saco el sombrero antes los escritores. Escribir es una actividad de alto rendimiento.

A cada tiempo su arte, a cada arte su libertad

Tarde o temprano terminamos viviendo todas las etapas de la vida. La naturaleza es sabia, cada uno es diferente y cada uno tiene su tiempo. Tiempo para enamorarse, para emprender, para madurar, para saber lo que se tiene que hacer. Apurar las cosas puede que resulte al principio pero puede ser devastador al final. Tratar de encasillar el momento es solo un ritual y podemos cumplirlo a nuestra manera, con nuestro propio estilo, sin la necesidad de forzar nada. Es ahí cuando todo comienza a fluir.

Hábitos peligrosos

Hay adicciones que provocan tanto placer que es imposible serles infiel. Como su fueran garrapatas succionan lentamente tu carácter, tu tiempo, el respeto por ti mismo. Adiós lucidez.  Cualquiera sea la droga que te amarre: una relación destructiva, un trabajo virulento, autocompasión compulsiva, sustancias zombies, no la dejarás hasta que sientas tocar fondo, hasta darte cuenta que estás quemando tus últimos cartuchos, hasta que asocies su placer con el Apocalipsis.